Pier Paolo Pasolini: el militante



I

En mis lecturas sobre los orígenes de la izquierda europea, me encontré con una verdad ineludible: su ideología, en medio de todas sus contradicciones y sus radicalizaciones, tendía paradójicamente hacia el conservadurismo. Es decir, la izquierda entre más se encerraba en sí misma, caía en la dimensión tan odiada de la derecha. Comprendí que a final del túnel ambas tendencias se tocaban en un punto: la radicalización de la realidad, y por tanto, de la verdad. Pasolini, escritor y cineasta italiano, no deja de patentizar este fenómeno. Su obra ensayística, escrita bajo el fragor del ataque, muestra la rebeldía propia de un hombre crítico no sólo de la burguesía y de la iglesia italiana de su tiempo, sino que asume para sí el desmonte generalizado del fascismo europeo. Aquel esfuerzo titánico será asumido bajo la bandera del radicalismo militante.

Veamos las costuras de este radicalismo. En su ensayo sobre la novela de Edward Morgan Forster titulada Maurice, Pasolini juzga en dos direcciones: uno, señala de “cobarde” a Forster por no publicar su obra en vida; y dos, arguye luego de asumir a Maurice como “una obra maestra”, que ésta no había conseguido influir en la sociedad de su tiempo. Para comprender la razón de tales acusaciones habría que buscarlas en el propio Pasolini. Si Forster “temía” a los dictámenes de la burguesía; Pasolini desafiaba y ridiculizaba a aquella; el primero apostaba para mejores tiempos la publicación de su novela Maurice –obra donde el homosexualismo rompe con todas las barreras sociales-; el segundo, en cambio, asumía y defendía el homosexualismo públicamente bajo su defensa inmediata y radical. Desde su trinchera, Pasolini se iguala y se compara para sostener su ataque. La libertad del artista, bajo esta comparación visceral, no tiene cabida; para él la libertad de encubrirse o de silenciarse significaba, rigurosamente, la claudicación.

“Creo que Forster aceptó y detuvo su ascenso”, apunta Agostino Loreto en su ensayo Reconocer el descanso en la escalera. “…en cambio, Pasolini simplemente era incansable y siguió subiendo la escalera”. Y, en efecto, es uno de los dramas que plantea el ensayo del italiano. El miedo y la valentía, la libertad y la militancia, serán columnas inseparables que Pasolini establecerá desde las primeras líneas de su ensayo; pero estos puntos no serán sólo “chácharas”, como él apunta irónicamente, sino todo lo contrario: serán los nudos morales que sostendrán su crítica puntillosa…

II


Es tanta la intencionalidad ideológica del discurso de Pasolini que suele dejar, en medio de su argumentación, evidentes contradicciones. Examinemos una como ejemplo: luego de tildar a Forster como cobarde, se refiere al inglés inmediatamente después de “maravillosamente lúcido y valiente”. Queda al descubierto no sólo el contrasentido de su argumentación sino que él mismo ofrece la medida de su temeridad. Pero, ¿por qué se arriesga tanto el escritor italiano? Giuliano Corrado parece dar con la respuesta en su ensayo La retama de Pasolini o los límites del ensayo; para Corrado, lo que mueve a Pasolini, en medio de todo su ataque virulento y desafiante, es el afán de construir la verdad, “para darle {así} legitimidad” a sus ensayos. Pasolini asume el riesgo: o legitimaba su posición mediante el uso de la instrumentalización de la realidad circundante, o claudicaba en “el silencio” aparente de un Forster, o de tantos otros.

Podríamos decir entonces que el discurso militante de Pasolini es, por tanto, fluctuante y proclive a temeridades. Quizás él estaba conciente de ello, pero su activismo no le dejaba otro camino. De allí que observemos, como constante de sus ensayos, el desmontaje existencial de todo lo que el sistema fascista sostuviese o ensalzara. Si en Campana y Pound el blanco de su ataque fue el fascismo italiano; en Maurice será el fascismo inglés. En ambos, la verdad argumental de Pasolini será la supremacía del socialismo como la única realidad patente; por encima, en efecto, de la ilusoria y irracional corte fascista.

III

¿Cómo instrumentaliza Pasolini la relación entre Maurice y Alec, para demostrar así lo “real” del socialismo? En efecto, el escritor italiano ve en el amor su arma perfecta para desbaratar los convencionalismos de la burguesía europea y las fronteras entre las clases sociales. Alec va a ser, para Pasolini, el agente insurreccional que provocará la ruptura “revolucionaria”; pero también va a ser “la revelación” poderosa del amor, como fuerza que anula el desprecio racial, a la hipocresía clasista y a todos los males de la aristocracia. A través del amor, Maurice será capaz de conocer al Otro, a lo desconocido, a lo que tanto reprimía. Maurice reconoce en Alec la otredad: se aliena en la libertad socialista.

Justamente esta alineación la plantea Viviane Chonchol en su ensayo titulado En torno a Maurice: “era la conciliación de posiciones frente a la realidad como un asalto a la razón en una amorosa conciliación única y capaz de reconocer a los opuestos”. Tenemos en el drama de Maurice y Alec el argumento con el cual Pasolini instrumentalizará su ideal socialista. Forster y su novela póstuma sólo será un pretexto para la elaboración de su discurso militante. O, en otras palabras, la puesta en escena de su genialidad argumental, de su instrumentalización sociológica: esfuerzo fluctuante que anhelaba, a todo riesgo, la legitimidad de la realidad.

CAM

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