Missy Franklin: nadar la tragedia



La natación es un deporte trágico. El caso de la nadadora estadounidense Missy Franklin (1995) lo demuestra en estas Olimpíadas de Rio de Janeiro 2016. Franklin, la chica de "contagiante sonrisa" -como la prensa Mundial la bautizó hace cuatro años en la justa Olímpica de Londres- obtuvo en aquella ocasión  4 medallas de oro y una de plata; incluso, impuso record mundial en los 200 metros espalda, marca que aún sigue vigente. Desde Londres, una gran burbuja la envolvió. Los flashes, las campañas publicitarias, los ingresos millonarios. Tenía entonces 17 años.
La semana pasada en Río, Missy no pudo repetir la senda dorada del 2012. Yo me decepcioné: aumentó casi todas sus marcas. Ni siquiera hizo el team para los relevos. Tenía que haber un problema. El jueves, en la semifinal de los 200 espalda, las cámaras enfocaron el drama: Missy tampoco clasificaría a la final para revalidar su título. Verla llorar en el agua luego de su pésima actuación me partió el alma. Quizás porque fui nadador desde muy pequeño; o tal vez porque el deporte despierta las fibras más sensibles de nuestra condición humana.
En la prensa estadounidense se critica a Missy por su estrepitoso fracaso. “Más entrenamiento y menos flashes”, le exigen. Yo creo que tiene algo de verdad. Sin embargo, el deporte establece sus hilos para que el ser humano demuestre la tragicidad de la vida. El deporte es oportunidad de superación sin límite. Late en él la esperanza y el deseo por lo imposible. La gloria de un atleta es levantarse luego de la caída. Y ganarse a sí mismo contra todo pronóstico.

El periodista estadounidense Mark Kiszla escribió el sábado en The Denver Post: “A decir verdad, es una historia pocas veces contada con un final feliz. De alguna manera, de alguna forma, Franklin debe encontrar una manera de poner el brillo de nuevo en una estrella caída”. ¿Será capaz está encantadora nadadora de subir la cuesta y llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020? ¿Cómo pudo Michael Phelps salir del alcohol y sobreponerse al escándalo?
          

Muchos dirán que Phelps no es humano: ya cuenta con 23 medallas de oro, máximo ganador de toda la historia del olimpismo mundial. Nadie daba medio por Phelps; y en Río de Janeiro ha puesto, nuevamente, el mundo a sus pies. Pero el deporte demuestra que mientras exista la persistencia por ser más rápido, más alto, más fuerte, el destino está por escribirse. Phelps se despidió de la natación con 31 años; Franklin, que mastica la derrota, apenas tiene 21. Creo que ella volverá. La tragedia se hizo para vivirla, y por qué no, de nadarla hasta el fin. 

CAM, 2016.



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